La clave para los coches eléctricos podría ser una batería de hace un siglo

10 septiembre 2012 · 1 comentario

cs

Pocos sabrán que los primeros coches eléctricos tienen más de un siglo de vida y que fue en esa época, al menos hasta la fecha, cuando este tipo de vehículos gozaron de mayor presencia en las carreteras.

Un equipo de investigadores de la universidad de Stanford parece que se ha interesado por esta época dorada y ha decidido apostar por estudiar, primero, y mejorar, después, el elemento clave de estos coches: la batería.

En concreto se han interesado por la de hierro y níquel inventada por Thomas Edison en 1901, con una vida útil de más de 100 años en las mismas condiciones que el primer día, muy resistente y que soporta las cargas que hagan falta sin perder sus propiedades; vamos, el sueño de cualquier batería de hoy en día.

Otra de las ventajas que tiene es que en su construcción no se utilizan metales pesados por lo que apenas tendría consecuencias sobre el medio ambiente, como derrames de ácido.

Los investigadores de Stanford han trabajado en la mejora del rendimiento de estas baterías de hierro y níquel que en su época tenían como principales puntos débiles que cargaban muy despacio, tenían un mayor coste y pesaban y ocupaban el doble que otras como las de plomo y ácido con el mismo rendimiento.

Desde Stanford prometen una segunda vida útil al invento de Edison para los coches eléctricos, especialmente tras las mejoras realizadas, al crear un modelo de batería de hierro y níquel que, al contrario que su antecesora, se carga completamente en dos minutos y se descarga en menos de 30 segundos.

Para ello añadieron grafeno, mejor conductor que cualquier otro metal, así como nanotubos de carbono que permiten este adelanto. La carga ultrarrápida se suma ahora a las cualidades de esta batería que es muy resistente y duradera, tiene un diseño muy simple y su fabricación es muy sencilla.

A esto habría que añadir la escasa toxicidad de los elementos que la componen, su reducido precio en el mercado, así como la abundancia de los dos productos fundamentales: el hierro y el níquel.

Imágenes en Creative Commons: Flikr/brewbooks

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