Toscana Italiana en Primavera

Por marina pepecar

En mi última escapadita estaba excesivamente romántico y quería realizar un viaje muy especial… Que sí, que ya sé que París es la ciudad del amor pero buscaba algo más tranquilo, en el que poder arrancar el coche y perderme por paisajes de ensueño, pueblos medievales, cuadros de Boticelli y platos de tagliatelle en los que hacer como la dama y el vagabundo. Ay! Me pongo ñoño al hablar de la Toscana 😉

Pepe disfrutando de la Toscana ;)
Pepe disfrutando de la Toscana ;)

Punto de partida

Mi viaje arrancó cogiendo un Pepecar en el aeropuerto de Pisa. Visitamos brevemente su famosa torre inclinada para descubrir que es el campanario de una maravillosa catedral renacentista. No duramos mucho porque terminaron echándonos de la ciudad las hordas de turistas que cada día se hacen miles de fotos como si sujetaran la torre. ¡Se va a terminar cayendo de tanto flash!

Aguantamos las ganas de perdernos por las colinas idílicas de la Toscana para visitar primero la capital de la región… ¡Y del mundo del arte con permiso de Roma! Perderse de la mano por la las calles del casco antiguo Florencia sí cumplió mis ansias de romanticismo.

Florencia desde el mirador
Florencia desde el mirador

No os voy a contar todos los monumentos que visitamos en Florencia pero sí os dejo dos consejos de obligado cumplimiento: Comprar con antelación las entradas a la Galería Uffizi para evitar colas kilométricas y coger el coche para disfrutar las vistas de la ciudad desde el mirador de Miguel Ángel.

Después de tres días en Florencia cogimos en coche porque empezó a darme el síndrome de Stendhal ¡Demasiada belleza para mis ojos aunque no me quité las gafas de sol ni para ver la Venus de Boticelli!

Siguiendo la ruta

Nuestro siguiente destino fue San Gimignano, un pueblo cuyas calles todavía conservan un aire medieval que cuenta con sensacionales vistas y mágicos rincones para visitar tanto dentro como fuera de sus muros. Una imagen vale más que mil palabras:

Las vistas de San Gimignano
Las vistas de San Gimignano

Como plaza medieval Siena tampoco se queda corta y encima cuenta con una de las catedrales más bonitas que he visto en mis largos viajes en coche. También aprovechamos el día para ver el pequeño pueblo de Monteriggioni cuyo castillo protegía Siena de posibles ataques del ejército florentino. ¡Parece imposible que en estos paisajes tan románticos haya habido guerras!

En Arezzo recorrimos las calles de una de mis pelis favoritas: La Vida es Bella. Reconozco que estuve un poco pesado diciendo eso de “Buenos días princesa” pero es que esta pequeña ciudad parece salida de un auténtico cuento de hadas de corte medieval, sin que el tiempo haya pasado por sus calles.

Estas son sólo algunos de los rincones que descubrimos en la Toscana pero lo mejor es coger el coche sin prisa y perderse por sus estrechas carreteras comarcales, salpicadas por curvas que suben y bajan suaves lomas donde brota fértil el cereal y la vid.

Atardecer en la Toscana